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34 – Desenfocado (Deconstructing Harry)

Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta escena, y la reciente e inesperada desaparición de Robin Williams me ha motivado a hacerlo.

Algo de Williams…

Robin Williams 2008

By Steve Jurvetson from Menlo Park, USA [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)%5D, via Wikimedia Commons

Siempre digo que las personas quedan vivas a través de sus obras, sus actos, todo lo que han aportado a su entorno: seres queridos, gente con la que se relacionaron profesional y personalmente… y en el caso de los actores, esta trascendencia es mucho más tangible, por el nivel de exposición que tienen y por los hábitos que tenemos para consumir, disfrutar o reflexionar sobre sus performances. Admito que Robin Williams no estaba entre mis actores favoritos, pero sí reconozco su versátil capacidad interpretativa, además de que me han llegado varios de sus personajes, como el Sean Maguire de Good Will Hunting o el John Keating de Dead Poets Society.

Creo que la mejor manera de recordar a un comediante, es a través de una de sus mejores secuencias, la que justamente está dirigida por otro grande, Woody Allen, y que pertenece a la película Deconstructing Harry.

Desenfocado…
Encontramos esta secuencia en esta constante autobiografía que es la obra de Allen, al menos en la mayoría de sus filmes. En la película, Harry (Allen) es un exitoso escritor que utiliza a personas y hechos reales de su vida para escribir sus historias. Esto lo convierte en un hombre odiado y solitario, y por esta razón, no tiene a nadie que le acompañe a un homenaje que le harán en la universidad de la cual lo echaron. Ya he hablado en otra entrada de esta versión libre de Fresas salvajes (Ingmar Bergman, 1957) del neoyorquino, concretamente de la escena del descenso a los infiernos; pero este fragmento en concreto, destaca como una confesión que nos hace un artista que se siente incomprendido por su entorno. Está claro que en EEUU se reconoce a Allen como un gran director, pero su obra siempre ha sido mucho más valorada fuera de su país. Inteligente, irónica, con la acidez habitual de la artillería narrativa Allen, un alter-Allen-Williams interpreta a Mel, un actor que misteriosamente, comienza a desenfocarse.

Después de verla, se nos plantean varias reflexiones ¿Quién no se sintió alguna vez desenfocado? ¿Debemos ponernos gafas para adaptarnos a ciertas distorsiones? ¿Podemos ser diferentes en un mundo que tiende a homogeneizarnos y estandarizarnos? Allen habla de la vida a través de sí mismo, su experiencia, su imaginación y su gran sentido del humor. El desenfoque como metáfora audiovisual de una falta de sintonía con sus interlocutores, cierto tipo de público (o personajes en la peli) que prefieren no esforzarse para entenderlo; y dentro del mismo mensaje, un receptor que debe adaptarse, aunque le incomode, a lo que se le tiene que decir. Hay por un lado una especie de autoritarismo cultural, y por el otro un público que prefiere consumir palomitas a golpe de efecto que a reflexionar un poco sobre lo que le rodea (generalizo con las palomitas, como podría hablar de cualquier tipo de manifestación cultural comercial).

Muchas veces la sociedad castiga a los individuos con identidad, que destacan de alguna manera, que desenfocan, especialmente cuando la gente no entiende bien lo que hacen. Si es un futbolista, o un corredor de fórmula uno, o un tenista, no, porque es divertido y estimula otras pasiones; pero si es un artista que transgrede desde una obra sincera, directa y carente de efectos vacuos, suele molestar ¡Y más aún cuando apunta directo a tu persona, costumbres, entorno…! Sí, esto se aplica a la vida de las personas, no nos olvidemos que el arte imita a la vida… Todo el que no encaja dentro de una estructura está desenfocado. Hay que hacer lo que hacen los demás… Aunque para mí tiene mucho más valor la persona que cree en sí misma y en sus sueños, a pesar de que el mundo crea que es un delirante.

¡Gracias Robin! (y Woody, por supuesto)

Christian Flavio Tasso

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