Archivo de la categoría: homenaje

35 – Me verás volver…

Secuencia inicial
Corría la segunda mitad de la década de 1980. Yo, aún adolescente, estaba buscando mi identidad musical. Tengo que admitir que no me gustaba la música argentina. No me pregunten por qué: si era porque me costaba acostumbrarme a canciones de rock y pop cantadas en castellano, o porque simplemente no me llegaba, o no la entendía. Además también recuerdo una discusión, quizá un poco anterior en el tiempo, que cuestionaba la existencia de un denominado “rock nacional”… (¡ja!). Sí, tenemos esa manía de querer catalogar todo, y cuando algo no encaja, cuestionarlo y perdernos en discusiones cosméticas en vez de disfrutarlo…

Entre caníbales
La importante es que entre mediados y finales de la década de 1980, con la apertura musical (y cultural en general) post dictadura que hubo en Argentina, empezamos a escuchar cosas nuevas, menos convencionales, muchas de ellas llegadas de Europa, en especial del Reino Unido (otro prejuicio: mezclar cultura con conflictos territoriales, manipulados a conveniencia por los gobiernos). Y esa música, que no era fácil de digerir para todo el mundo, llegaba a mis oídos a través de mis amigos de aquel momento. Era curioso, porque podías encontrarte, a grandes rasgos, tres tipos de tribus urbanas que frecuentábamos diferentes locales bailables: a los que les gustaba la música comercial, casposa y naif de los 80 (es una opinión personal, sin ánimo de ofender a nadie, y una opción válida); a los que les gustaba el rock and roll, cuyo buque insignia eran los Rolling Stones; y a los que nos gustaba The Cure y todas estas bandas “new wave” de aquel momento. Por alguna razón que desconozco, los “stones” odiaban a muerte a los “dark”.

Y en este contexto cambiante de nueva etapa democrática, con la ausencia de las restricciones y represiones propias de una dictadura, comienzan a aflorar nuevas bandas nacionales, que conviven con las más antiguas, y hay otras que evolucionan gracias a las nuevas influencias de aquel momento. Así es como percibí y percibo yo el comienzo de mi relación con Soda Stereo.

Ángeles eléctricos
Soda Stereo Circa 1984Creo que el primer tema que llegó a mis manos fue “Prófugos”. Me lo habían grabado en un cassette, con otras canciones “alternativas” de la época. Aquí podría tentarme y decir que fue amor a primera vista, pero no, nunca fui un verdadero fan de Soda Stereo… de hecho, ya me costaba comprar con el nombre que tenían… Pero pasaron los años y como un buen vino que necesita su momento y un bebedor que lo encuentra, Soda Stereo volvió a encontrarme y supe apreciar mucho su música. Muy posiblemente haya sido por afinidad con lo que escuchaba por aquel entonces, y seguro, por las constantes alusiones cinematográficas de sus canciones.

Me verás volar
Diciembre de 1991, faltaban pocos días para que acabe el año. Me hubiera gustado estar allí, pero no fue así. Lo vi por TV. Soda Stereo, en un inolvidable concierto gratuito en la avenida 9 de julio de Buenos Aires, congregaba a 250000 personas. El concierto fue extraordinario, inolvidable, un hito dentro de la historia de la música argentina. Parecía imposible poder llegar más alto…

Esa noche, yo fui a bailar a una de las discotecas de moda de aquel momento. Se llamaba Mix, si no me equivoco, y estaba situada en el barrio porteño de Belgrano. Pasaban tecno, diría, pero no del más comercial. En un momento, entre medio de los flashes de la pista, se vio la silueta de una persona bailando extasiada. Su peinado era inconfundible. Ese joven acababa de dejarlo todo en un escenario frente a una multitud entregada. Estaba en la cima del mundo, y además, a pocos metros de mí. Sí, era Gustavo Cerati. Todos observábamos boquiabiertos la catarsis de ese hombre en medio de la pista con un respeto casi reverencial. Hasta que en un momento se detuvo y desapareció repentinamente entre la gente acompañado.

Un modelo para armar
Creo que era en la película Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000), protagonizada por John Cusack, donde hablaban de las reglas para regalarle una cinta grabada a una chica. Sí, he utilizado la versión de “En la ciudad de la furia” de “Comfort y música para volar” del fantástico Unplugged de la MTV en uno de esos CD personalizados. En mi interior esta canción es tan representativa de una época y una forma de entender Buenos Aires como podría serlo el “Otoño porteño” de Piazzolla, otro genio admirado por mí. Es lo que tiene el arte: puede cambiar nuestra percepción de la vida. Además hay un componente que exalta más la música argentina en mi caso, el hecho de llevar varios años fuera del país que me vio nacer… supongo que debe de haber una especie de idealización respecto a la cultura argentina.

#Graciastotales
Cerati, Bosio y Alberti nos han regalado grandes canciones que acompañaron diferentes momentos de nuestra vida. Cerati nos dejó, pero su música seguirá ahí, para siempre. Y cada vez que escuchemos algunas de sus canciones, nos transportará automáticamente a algún momento de nuestro pasado. Eso es trascendencia.

Christian Flavio Tasso

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34 – Desenfocado (Deconstructing Harry)

Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta escena, y la reciente e inesperada desaparición de Robin Williams me ha motivado a hacerlo.

Algo de Williams…

Robin Williams 2008

By Steve Jurvetson from Menlo Park, USA [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)%5D, via Wikimedia Commons

Siempre digo que las personas quedan vivas a través de sus obras, sus actos, todo lo que han aportado a su entorno: seres queridos, gente con la que se relacionaron profesional y personalmente… y en el caso de los actores, esta trascendencia es mucho más tangible, por el nivel de exposición que tienen y por los hábitos que tenemos para consumir, disfrutar o reflexionar sobre sus performances. Admito que Robin Williams no estaba entre mis actores favoritos, pero sí reconozco su versátil capacidad interpretativa, además de que me han llegado varios de sus personajes, como el Sean Maguire de Good Will Hunting o el John Keating de Dead Poets Society.

Creo que la mejor manera de recordar a un comediante, es a través de una de sus mejores secuencias, la que justamente está dirigida por otro grande, Woody Allen, y que pertenece a la película Deconstructing Harry.

Desenfocado…
Encontramos esta secuencia en esta constante autobiografía que es la obra de Allen, al menos en la mayoría de sus filmes. En la película, Harry (Allen) es un exitoso escritor que utiliza a personas y hechos reales de su vida para escribir sus historias. Esto lo convierte en un hombre odiado y solitario, y por esta razón, no tiene a nadie que le acompañe a un homenaje que le harán en la universidad de la cual lo echaron. Ya he hablado en otra entrada de esta versión libre de Fresas salvajes (Ingmar Bergman, 1957) del neoyorquino, concretamente de la escena del descenso a los infiernos; pero este fragmento en concreto, destaca como una confesión que nos hace un artista que se siente incomprendido por su entorno. Está claro que en EEUU se reconoce a Allen como un gran director, pero su obra siempre ha sido mucho más valorada fuera de su país. Inteligente, irónica, con la acidez habitual de la artillería narrativa Allen, un alter-Allen-Williams interpreta a Mel, un actor que misteriosamente, comienza a desenfocarse.

Después de verla, se nos plantean varias reflexiones ¿Quién no se sintió alguna vez desenfocado? ¿Debemos ponernos gafas para adaptarnos a ciertas distorsiones? ¿Podemos ser diferentes en un mundo que tiende a homogeneizarnos y estandarizarnos? Allen habla de la vida a través de sí mismo, su experiencia, su imaginación y su gran sentido del humor. El desenfoque como metáfora audiovisual de una falta de sintonía con sus interlocutores, cierto tipo de público (o personajes en la peli) que prefieren no esforzarse para entenderlo; y dentro del mismo mensaje, un receptor que debe adaptarse, aunque le incomode, a lo que se le tiene que decir. Hay por un lado una especie de autoritarismo cultural, y por el otro un público que prefiere consumir palomitas a golpe de efecto que a reflexionar un poco sobre lo que le rodea (generalizo con las palomitas, como podría hablar de cualquier tipo de manifestación cultural comercial).

Muchas veces la sociedad castiga a los individuos con identidad, que destacan de alguna manera, que desenfocan, especialmente cuando la gente no entiende bien lo que hacen. Si es un futbolista, o un corredor de fórmula uno, o un tenista, no, porque es divertido y estimula otras pasiones; pero si es un artista que transgrede desde una obra sincera, directa y carente de efectos vacuos, suele molestar ¡Y más aún cuando apunta directo a tu persona, costumbres, entorno…! Sí, esto se aplica a la vida de las personas, no nos olvidemos que el arte imita a la vida… Todo el que no encaja dentro de una estructura está desenfocado. Hay que hacer lo que hacen los demás… Aunque para mí tiene mucho más valor la persona que cree en sí misma y en sus sueños, a pesar de que el mundo crea que es un delirante.

¡Gracias Robin! (y Woody, por supuesto)

Christian Flavio Tasso

33 – ¡Oh Dios mío! ¡Soy un…

…trekkie!

“La conquista del espacio, el gran reto…”

Estas eran las primeras palabras (en off) que escuchábamos en presentación de la serie “Viaje a las estrellas” (Star Trek / aka Star Trek TOS, 1966-1969) en la versión que veíamos en Argentina (“La conquista del espacio” en España) [1]. Luego aparecía una nave, la Enterprise, atravesando el espacio a toda velocidad.

Todas las tardes, contaba los minutos que faltaban para ver un nuevo capítulo de esta aventura espacial en mi televisor blanco y negro de válvulas (curioso, siempre se quemaba la del sonido…). A mediados/finales de los 70’, yo era un niño con mucha imaginación, justamente estimulada por este tipo de series. Siempre me gustó la ciencia ficción, de hecho estudié cine porque era mi género favorito hasta pasada la adolescencia. Después aprendí que el género es un envoltorio, un contexto que sirve para contar una buena historia, y la ciencia ficción, a veces mal considerada un género menor, nos ha regalado grandes historias: Metrópolis, 2001: Una Odisea del espacioAlien, Blade Runner, Matrix, E.T. El extraterrestre… sólo por nombrar las más conocidas.

Volviendo a Star Trek, a pesar de la palabra “conquista” al comienzo, y de que esta primera versión de un hipotético futuro era un poco menos “tolerante” comparada con su saga, se estaba abriendo un nuevo camino con un mensaje conciliador. El mundo vivía en plena guerra fría, aún eran tiempos de prejuicios raciales, pero por el contrario, en esta nave, convivían seres humanos de varias naciones, razas y hasta un extraterrestre, Spock, mitad humano y mitad vulcano. También había una Federación Unida de Planetas… un cóctel que conformaba una especie de utopía de convivencia y colaboración universal, surgida de la mente de Gene Roddenberry. Claro que vista en perspectiva, esta utopía puede ser discutible en su concepción y naturaleza, pero se ha de valorar este aspecto, ya que había series contemporáneas que adoctrinaban sin sutilezas sobre quiénes eran los buenos y quiénes los malos.

Un Trekkie
Leonard Nimoy William Shatner Star Trek 1968Uno no andaba diciendo por ahí que era fan de Star Trek y sus sagas… y mucho menos cuando llegabas a la adolescencia…¡y mucho menos todavía si eras un adulto en toda regla…! Si hacías esto, normalmente te consideraban un tipo raro, la verdad… ese tipo de gente a la que luego se le daría el nombre de friki (freak).

Si los frikis se clasificaran en subcategorías, lo más normal es que a un fan de Star Trek se le llamase trekkie (o trekker, hay discusiones sobre si son sinónimos). Pero lo que realmente me ha asombrado al investigar para este post, es que la serie ha tenido tal trascendencia, que el término trekkie se ha incorporado al Diccionario de Oxford: “informal – A fan of the US science fiction television programme Star Trek.” (informal – Un fan de la serie estadounidense de ciencia ficción Star Trek).

Siguiendo en la línea de mis confesiones sobre mi fascinación por el universo Star Trek, expongo a continuación una serie de afirmaciones, pensamientos y reflexiones que confirman aún más que soy un trekkie (¡y un friki además por escribir esto!)… eso sí, sólo seguí las series y las pelis hasta el año 2000, si es que esto sirve como atenuante…

Aunque hoy en día, y más con la irrupción de la versión aggiornada del nuevo genio audiovisual J.J.Abrams (ejem…), asombrosos efectos especiales, actores y actrices guapos, el universo Star Trek se ha vuelto algo bastante más aceptado (..y desvirtuado, según mi opinión).

Sí, soy culpable de ser trekkie:
– Cuando pienso en las primeras notas de la música de Alexander Courage
– Cuando veo a William Shatner, incluso en Boston Legal, y pienso que es el Capitán Kirk
– Cuando voy por la autopista con mi coche y creo ir a Warp 5, 6 ó 7
– Cuando entiendo todos los chistes de “The Big Bang Theory” relacionados con el tema
– Cuando noto que soy uno de los pocos que se ríen al comienzo de Kill Bill 1 (Q. Tarantino, 2003) [2]
– Por haber ido a una convención trekkie (¡sólo una vez!)
– Por tener el sonido del intercomunicador del primer Enterprise en los avisos de mi móvil
– Por tener un app de Star Trek en mi móvil (¡…y porque no encontré más!)
– Por haber visto prácticamente todos los capítulos y las películas de toda la saga hasta el año 2001 (con unas cuantas excepciones a partir de aquí)
– Porque cuando estoy esperando el autobús o el metro pienso “transporte para uno” [3] (y antecedido del sonido del intercomunicador, por supuesto)
– Porque cuando veo un vehículo pienso qué versión del Enterprise será: NCC1701-X
– Cuando en ciertos contextos pienso: “Somos los Borg y vamos a asimilarlos. Resistirse es fútil” [4]
– Cuando en cualquier objeto redondo veo el plato del Enterprise
– Porque cuando salgo con mi coche desde el párquing, imagino que es el hangar de una estación espacial
– Porque cuando me siento en un sillón cómodo creo que estoy en el puente del Enterprise:

-“¡Preparen torpedos protón!”
-“Uhura: póngame con el mando de la Flota Estelar”

Y lo peor de todo, es que coincido en varias cosas con esta guía “How to Be a Trekkie” (en inglés), así que si te quedaste con ganas de convertirte en un trekkie 100%, puedes echarle un vistazo. Yo, como ha quedado claro en este post, lo soy sin atenuantes.

Christian Flavio Tasso

 

[1]Es curioso que la versión latinoamericana traduzca literalmente el nombre de la serie, pero no esta primera frase de la presentación, que en la versión española sí es bastante similar a lo que se dice en inglés… aunque en España la serie se llamó “La conquista del espacio”…
Aquí las presentaciones de España y EEUU:
Versión en España
Versión original en inglés
[2] Sobre negro se lee: “Revenge is a dish best served cold -Old Klingon Proverb-”. “La venganza es un plato que se sirve mejor frío.” (para que un segundo después se lea) “-Viejo proverbio Klingon-.”, frase que Tarantino tomó prestada de Star Trek II – La ira de Khan. Cualquier conocedor de la existencia de la raza Klingon, personajes ficticios de Star Trek, tuvo que haber reaccionado de alguna manera en el cine al ver esta intro.
[3] Es mi propia versión, claro. En la serie era: “Beam me up Scotty!” (Cap. Kirk)
[4] Es mi propia versión, claro. Realmente sería así “We are the Borg. Lower your shields and surrender your ships. We will add your biological and technological distinctiveness to our own. Your culture will adapt to service us. Resistance is futile.” (“Somos los Borg. Bajen sus escudos y rindan sus naves. Añadiremos sus peculiaridades biológicas y tecnológicas a las nuestras. Su cultura se adaptará para servirnos. Resistirse es fútil”)

Blog 19 – Cuestiones personales: Alberto Vicente Tasso, Artista plástico

Influencias tempranas

Hay un primer acto inevitable en nuestras vidas: nacer. Eso es el comienzo, el momento en que la cuenta está a cero y en el que empezamos a llenarnos de experiencias. El mundo exterior nos condiciona, reconocemos la voz de nuestra madre, buscamos instintivamente alimentarnos, y en un momento dado, nos convertimos en una pequeña criatura que se aferra a las personas que tiene más cerca. Las observamos, aprendemos de ellas, las imitamos…

Había una radio. Era negra y plateada, y creo que la marca era Noblex. Usaba cuatro pilas medianas de color naranja que iban encajadas dentro de un estuche cilíndrico de plástico. El compartimento de las pilas se cerraba con una especie de tornillo de esos que se giran con una moneda… Como en Argentina hubo tantas denominaciones de moneda, no podría decir de qué valor se trataba… Quizá eso no sea importante, pero sí el hecho de que la radio tuviera pilas, ya que de ese receptor de ondas de amplitud modulada salía música de Jazz, y también de Piazolla.

Pero es sólo un recuerdo, así que es posible que se trate de una verdad inventada en mi mente. Aunque lo que sí recuerdo inequívocamente es que había un hombre con canas y pelo ondulado escuchando esa música mientras dibujaba. Una persona a quién sus más allegados llaman Tito, aunque yo prefiero decirle papá.

Pasaron muchos años hasta que comprendí, o al menos eso creo, lo que era el Jazz (y también Piazolla). Aunque este reconocimiento tardío no mermó mi espíritu, mi sensibilidad y gusto por la buena música, algo de lo que fui consciente cuando me hice mayor. Pero la música servía de inspiración, de hecho, cualquier forma de arte inspira y motiva a la gente que tiene la capacidad de ver más allá de las cosas, y esto era lo que producían esas conversaciones musicales en la cabeza del hombre de cabellos grises.

 

 

El artista

Aquellas cosas eran como juguetes para mí. De vez en cuando me encontraba algún pincel y no podía hacer más que jugar con éste. La verdad es que nunca supe dibujar muy bien. La genética no me dotó con ese don de mi padre, aunque afortunadamente, dentro del reparto de habilidades, se lo dio a mi hermana, con quien también compartió sus iniciales.

Siempre me costó mucho entender esas formas que pintaba papá… en muchos casos no reflejaban exactamente la realidad y en otros, eran demasiado abstractas para mi comprensión… Algunas veces, sus murales, estaban en el hall de un edificio; otras, en el exterior, soportando las inclemencias del caprichoso clima de Buenos Aires, pero no pasaban desapercibidas, al menos para mí, ya que estaban firmadas con el apellido de la familia, y me sentía orgulloso al enseñárselas a mis amigos.

No me considero un experto en arte, aunque haya tenido la oportunidad y la suerte de visitar algunos de los museos más importantes de Europa. En ellos pude apreciar la evolución pictórica a través de la obra de muchísimos y variados artistas de todas las épocas. A mi modesto entender, algunos son geniales sin necesidad de tantas definiciones académicas y otros gracias a que alguien los interpretó de una manera convincente. Mi conclusión es que la apreciación del arte, llámese música, pintura, arquitectura, danza, teatro, literatura o cine, tiene un componente subjetivo muy importante. Por eso creo que el señor de canas, mi papá, incluso a pesar de mi tardío reconocimiento de su obra y el hecho de que no todo lo que ha hecho me inspira igual sensación, se merece un espacio de difusión más allá de algunas paredes interiores o exteriores de diferentes edificaciones ubicadas en Argentina (y fuera también). Esa es la razón por la que aprovecho este ciberespacio personal. Lamentablemente, la calidad de la fotos corregidas con un programa informático, no reflejan con fidelidad su trabajo, pero sí la esencia del mismo.

Creo que es algo que le debo, además de la vida, al hombre que construyó mi sensibilidad artística, y me enseñó sin la necesidad de utilizar demasiadas palabras, que las cosas pueden verse de otra manera.

Ahora también su mujer, mi mamá, se merece un capítulo especial, pero esa historia, de momento, me la guardo para mí.

Christian Flavio Tasso

Blog 16 – Cuando “algo” marca nuestras vidas (pequeño homenaje a Jobs)

Foto de una Apple Macintosh LC

Foto de una Apple Macintosh LC

Somos animales que nos movemos por estímulos. Muchas veces lo que es en apariencia racional da paso a un impulso, a un sentimiento, a un estado o comportamiento inexplicable en nosotros. Aunque la respuesta a estos sentimientos está, muchas veces, más cerca de lo que pensamos…

La primera vez que tuve contacto con una de ellas fue hace casi 20 años. Mi hermana es diseñadora, y esa máquina de color beige, con una manzanita atravesada por un arco iris en el frente, una ranura para diskettes y un dispositivo llamado mouse apareció frente a mis ojos que no daban crédito a lo que veían. Era una computadora que funcionaba con un sistema de ventanitas e íconos que se abrían al hacer doble click sobre los mismos, muchísimos colores a los que no estábamos acostumbrados por entonces, unas aplicaciones que se ejecutaban al hacer doble click sobre los archivos y una capacidad para procesar la información que para mí era inédita hasta ese momento. La máquina había costado carísima, y parecía que sólo servía para diseñadores y unos pocos elegidos, además de ser, en teoría, incompatible con otras plataformas más extendidas. En efecto se trataba de algo distinto, novedoso para mí. Se trataba de un Apple Macintosh LCII.

Con el paso del tiempo me di cuenta qué difícil era habituarse trabajar con otra cosa cuando aquello a lo que uno se había acostumbrado era muy superior a lo que ofrecían sus contemporáneos monocromáticos. Pero estas máquinas de ensueño servían para fabricar sueños en colores y causaban en nosotros una extraña fascinación, un curioso placer al utilizarlas que nos hacían parecer fanáticos enceguecidos pertenecientes a algún tipo de secta elitista e incomprendida.

Pasaron algunos modelos más por casa, pero la necesidad de un viaje me obligó a adoptar un portátil que no era Apple. Para motivarme, colgué la foto de uno de los primeros iMac en mi habitación / espacio de trabajo, porque sabía que “Ella”, tarde o temprano, me encontraría a mí, y tuve que esperar años para que así fuera…

Por aquel entonces sólo sabía que un tal Sr. Jobs estaba detrás de todo aquello, que algún día lo habían echado de la empresa que él mismo había co-fundado y que había vuelto para reactivar todo aquello con su ingenio. Poco más. Comentario al margen, siempre me pareció irónico y gracioso que trabajemos con equipos marca “Manzana” que fueron inventados por el señor “Trabajos” y que compitan con “Ventanas” el sistema operativo comercializado por el señor “Puertas”, su competidor.

La espera para tener mi propio Mac se me hizo eterna. Lo intenté más de una vez, pero era como aquellos amores imposibles que se deslizan entre tus dedos cuando ya parece que están contigo. Tuve que conformarme con placebos menos atractivos aunque efectivos para mis necesidades laborales y personales.

Pero toda espera tiene sus recompensas y primero, apareció un iPod en mi vida, que aunque era (y es) de mi pareja lo uso yo. Contagié mi fascinación a mi compañera y un iMac pasó a formar parte de nuestra vida. Entonces descubrí que lo bueno, o mejor dicho lo excepcional, muchas veces, se hace esperar. Y como cereza de este pastel lúdico/informático/profesional mi pareja me regaló un iPod touch. Tres equipos Apple en un lapso de tiempo relativamente corto en comparación con mi espera, que ahora son parte de nuestra vida.

Entonces, me llega la noticia de que el genio detrás de todo esto nos ha dejado, que su poder creativo, su singularidad, sus ganas de cambiar el mundo haciendo nuestra vida más agradable han pasado a ser parte de la energía de nuestro universo. Un hombre cuyas facetas para muchas de nosotros eran desconocidas y que nos fascina como personaje, incluso en retrospectiva, cuando conocemos sus orígenes y su lucha vital…

Entonces, aquí es donde me paro a pensar y reconozco que estas creaciones suyas que me deslumbran han influido activamente en mi vida laboral y personal y que mi egoísta tristeza por la partida de Jobs tiene mucho que ver con el hecho de que este hombre, desconocido para mí, haya conseguido esto sin que siquiera reparara en su influencia. Por fortuna, como todo genio, ha quedado vivo en su obra.

Think different!
¡Hasta siempre Steve Jobs!
www.apple.com/stevejobs

Christian Flavio Tasso